martes, 29 de junio de 2010

LAS MISIONES JESUITICAS DE SAN IGNACIO (ARGENTINA)

Por: Carola Pozo Cortez
                                                         Las ruinas de San Ignacio, Misiones, Argentina
     
    Las ruinas jesuíticas de San Ignacio se encuentra en la provincia de Misiones. Estas muestran los vestigios de un pueblo donde la ciencia y el arte formaron parte de la unión del hombre blanco y de los pueblos aborígenes.

    Entre los siglos XVII y XVIII, llegaron los misioneros jesuitas para enseñar el Evangelio, buenas costumbres y formas de organización social y de trabajo. Lo que se destaca de los misioneros es que permitieron que los Guaranies unan su propia cultura a las nuevas enseñanzas sin  violencia alguna.

     
    Sin embargo sus enseñanzas no llegaron a su máximo esplendor ya que el rey Carlos III de España firmó el Decreto de expulsión de los Jesuitas de los dominios españoles en 1767, pero recien fue ejecutado en 1768. 

    Ruinas de San Ignacio Mini
     


                                                           La Editora, en el frontis de la puerta principal
       
     Las ruinas de San Ignacio son un Monumento Histórico Nacional (1983), Monumento Histórico Provincial (1969) y en 1984,  declaradas por LA UNESCO , como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

    Se encuentra situada a  unos 60 km. de la capital de la provincia de Misiones por la Ruta  Nacional N°  12 .  Allí se encuentra el pueblo de San Ignacio.  Dentro de la ciudad se encuentra  este espectacular trabajo de restauración, edificios construidos con bloques de piedra de asperón rojo labrados y con roca eruptiva.

    Su Fundación

    Fue fundada a mediados de 1610 por los Padres José Cataldino y Simón Masseta en la rivera izquierda del río Paranápanema, en el Guairá, emigraron en varias oportunidades y se asentaron definitivamente en 1696 donde hoy  se aprecian  los valiosos restos de sus ruinas, en una pequeña reserva fiscal del actual pueblo de San Ignacio.

    Gobierno Civil y Eclesiástico

    Los curas eran los administradores de los bienes de los indios y atendían todo lo concerniente a lo espiritual, temporal, económico, cultural, social y militar.
    El Cabildo era la autoridad máxima en cada reducción y estaba compuesto por los caciques.  Los curas mantuvieron la institución tradicional guaraní del cacigazgo.
    En conjunto, la reducción dependía: del Gobernador de Buenos Aires, de la Real Audiencia de Charcas, del Virrey del Perú y del Rey de España.  El cura y un compañero de cura dependían: directamente del Superior de las Misiones que residía en Candelaria, e indirectamente del Padre Provincial que residía en Córdoba.
     
    Trazado Urbanístico

    En la etapa de los asentamientos definitivos, cada ciudad tenía un proyecto urbanístico con edificaciones de piedra y maderas de ley. Urbanisticamente estaba constituido asi: 
    • La plaza
    • El núcleo principal: templo, colegio, talleres, cementerio
    • Viviendas indígenas
    •  Calles y otras edificaciones 
    La Iglesia

    El  templo medía 63 metros de largo por 30 de ancho, con tres grandes puertas de entrada.  La puerta principal tenía 3,37 metros

    La economía

    Se sustentaba en la agricultura, la recolección de miel, la cría de ganado, la industria, las artesanías y el comercio.
    Se cultivaba maíz, mandioca, batata dulce, caña de azúcar, legumbres con destino a la alimentación. Algodón para obtener el hilo y el lienzo. Tabaco.
    La parte de tierras pertenecientes a la colectividad era llamada Tupá-mbaé o "propiedad de Dios".  Los indios cultivaban por turnos en estos terrenos comunales y se les pagaba en especie.  Los productos eran destinados para cubrir necesidades de la comunidad, pagar el tributo al Rey, sostener a los misioneros, incapacitados, enfermos, viudas, huérfanos y socorrer a los pueblos vecinos en dificultades.

    La expulsión de los Jesuítas y Decadencia

    Como es sabido el Rey Carlos III de España, firmó el Decreto de expulsión de los Jesuítas de los dominios españoles en 1767 y ejecutado en las Misiones en 1768. A partir de esa fecha, el sistema se quebró abruptamente.
     
    La atención espiritual paso a manos de sacerdotes mercedarios, dominicos y franciscanos que hablaban la lengua guaraní. En cambio los nuevos administradores laicos que introdujeron el comercio con el exterior y liberaron progresivamente a los naturales del régimen de comunidad de bienes, produjo la decadencia demográfica íntimamente vinculada con la ruina material.
     
    Con la nueva administración se notaba la impericia de los administradores locales; "la mayoría ignoraba el manejo de caudales, desconocían lo que era la agricultura y las fábricas y no sabían ajustar una cuenta, todos requisitos esenciales para el cargo".

    A esto se sumaba el despilfarro de los productos acumulados en los almacenes. Lo poco que se lograba exportar, apenas daba para impuestos y salarios de los administradores y sacerdotes; no quedaba nada para provecho de los indios. Éstos, disconformes desertaban de las reducciones y el trabajo se volvía excesivo para los que permanecían. Otros factores de disminución poblacional fueron la desnutrición y las epidemias de viruela.


    Con poca gente, las casas quedaban desocupadas. Los techos de tejas no se reparaban y la lluvia infiltrada pudría el maderamen y los tejados no tardaban en derrumbarse.

    El año más funesto para ésta reducción y otras (Candelaria, Santa Ana, San Ignacio y Corpus) fue 1817, cuando tropas paraguayas invadieron, saquearon y quemaron estas reducciones, llevándose en carretas, dice el P. Hernández, "cuanto objeto de valor pudieran hallar" al Paraguay.

    A pesar de esta destrucción, un grupo de guaraníes volvió a asentarse en el pueblo acaudillados por el indio Christaldo y permanecieron hasta 1821, año en el que los paraguayos asolaron nuevamente los cinco pueblos paranaenses y lentamente la vegetación fue avanzando sobre todo el conjunto abandonado.

    Situación actual de los vestigios

    Las ruinas de San Ignacio  son la más completa de todas las reducciones.  El monumento está totalmente cercado y resguardado.  Estos restos han sido reconstruidos durante el período 1940-1950.  Ello otorgó un carácter diferencial a San Ignacio Miní, respecto a las demás ruinas.
     
    Iglesia:sus muros laterales alcanzan la altura total, sus solados (revestimiento de un piso con ladrillos, losas etc.) están decorados y presenta gran cantidad de piedras labradas, sobre todo el majestuoso portal de entrada y el portal de acceso al Baptisterio, pero en ellas se nota el paso del tiempo y de los cambios climáticos.
     
    Colegio: con aulas, refectorio, cocina, despensa, solados trabajados, rodeados de galerías con balaustradas.  En la parte posterior es notable la decoración de todos los pisos que va cambiando delante de cada  aula, presentando combinaciones de líneas curvas y elementos vegetales que se van complicando a medida que avanza.
     
    Talleres: con sus muros, ventanas, puertas, galerías, ocupan una gran extensión junto a su patio.
     
    Viviendas: Cotyguazú y casa de los indios: más de una veintena de bloques donde se pueden observar detalles constructivos empleados.

    Visitas

    Cuenta con un Centro de Interpretación

    Museo

     
    Horario de atención: 7 a 19 horas, de lunes a lunes.
    Espectáculo de Luz y Sonido a partir de las 19 horas.



    Fuente: Gobierno de la Provincia de Misiones, Argentina

     

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